Seguramente
era tristeza o algo parecido, lo que hizo que esa mañana al despertarse Nicolás,
sintiera un vacío en el estómago…o en el alma, ya que no era muy definido el
sentimiento o sufrimiento, según como se lo mire.
Se
levantó como de costumbre y preparo café. Era sábado; entonces no había ningún
apuro en salir a la calle. Cortó pan casero en rebanadas gruesas y lo puso
sobre la plancha a tostar. El aroma ácido y ahumado de las tostadas que se
quemaban sobre la cocina le acentuaron esa sensación de vacío con la que se
había levantado. Inmediatamente se le antojaron manteca y miel blanca para
acompañarlas. La leche ya se había volcado sobre la cocina – por vigilar las
tostadas- se olvidaba a menudo de que hervía de repente y sin aviso, cuando
menos se lo espera.
Los
rayos de las primeras horas de la mañana se filtraban por entre las ramas casi
desnudas del otoño tardío; recorrían el piso de la sala y se estiraban hasta la
cocina anaranjándolo todo.
Tomo
su desayuno mientras ojeaba revistas viejas; a veces se distraía tanto que el
café se le helaba. Las tripas le hicieron ruido generándole inmediatamente unas
ganas terribles de comer el guiso de lentejas de su abuela.Abandono
el café en la taza – como de costumbre - y hurgó en la despensa para ver si tenía
los ingredientes, o al menos los más importantes; lo demás se improvisaba, como
lo hacía su abuela.
Lentejas - un paquete (remojarlas la noche anterior; sino cocinarlas eternamente)
Tomates - una lata
Cebollas - había una
Pimiento - medio verde, medio rojo y medio podrido.
Chorizo colorado - un cuarto en el refrigerador
Zanahorias - una y media chamuscada
Ajo - nunca faltaba!
Calabaza - una
Salchicha de metro - medio metro
Puso todos los ingredientes sobre la mesada, se ató el delantal, busco la tabla de madera y el cuchillo más afilado del cajón.
Lentejas - un paquete (remojarlas la noche anterior; sino cocinarlas eternamente)
Tomates - una lata
Cebollas - había una
Pimiento - medio verde, medio rojo y medio podrido.
Chorizo colorado - un cuarto en el refrigerador
Zanahorias - una y media chamuscada
Ajo - nunca faltaba!
Calabaza - una
Salchicha de metro - medio metro
Puso todos los ingredientes sobre la mesada, se ató el delantal, busco la tabla de madera y el cuchillo más afilado del cajón.
Mientras comenzaba a cortar las
verduras, recordó que su abuela empezaba a hacer la comida a las 9 de la
mañana; tranquila, cortaba todo; iba poniéndolo en una gran olla, y lo cocinaba
muy despacio. Cada tanto – con una cuchara larga de madera – probaba como
estaba de sabor y revolvía. Ella siempre cocino para su familia; le dedicaba su
día completo y cada uno de sus quehaceres. El ingrediente que nunca debía
faltar – por supuesto- era el amor, que ponía en cada corte del cuchillo, cada
vez que levantaba la tapa de la olla, cada vez que revolvía con la cuchara y en
la sonrisa en el momento de servir la comida a las 12 de mediodía –siempre
puntual – cuando estaba listo el almuerzo y gritaba: … a comer!
Nicolás
busco en la alacena, en el refrigerador, en los estantes de la despensa,
desenrosco las tapas de los frascos y reviso los cajones; no encontró ninguna
caja, ninguna etiqueta y ningún paquete que tuviera escrito el ingrediente
“amor”.El
estómago le dio un puntazo y seguido de ello sintió una puntada justo del lado
del corazón. Cerró
los ojos, apretó la cuchara de madera del mango y siguió revolviendo el guiso
de lentejas lentamente. El
aroma ya envolvía toda la cocina e iba inundando de a poco cada rincón y de un
momento a otro la casa completa.
Desde
la ventana podía ver las hojas caídas en el patio, envueltas y mareadas por el
viento; tristes, chamuscadas y secas, por haber tenido que abandonar el árbol que
las cobijo desde que solo eran un brote nuevo y verde. Nicolás suspiro y volvió
a recordar a su abuela, como si ella o su fantasma hubiese estado ahí a su lado
con el delantal de cocina atado a la cintura, controlando todo, salando y
pimentando; agregando azúcar a la salsa para que no saliera ácida.
Cuando Nicolás
termino de cocinar, miro el reloj de la cocina empañado por el vapor de la olla.
Eran las 12 en punto del mediodía.
Dicen,
que hay un cordón que une el estómago con el corazón. Lo descubrieron algunos
médicos en pacientes de diferentes edades que se presentaron en sus consultas
alegando dolencias confusas; rara mezcla de melancolía e indigestión.Ese
extraño cordón, no está presente en todos los cuerpos humanos. Algunos nacen
con él; en otros, nace, crece y se desarrolla con el tiempo; otras personas lo
pierden y muchos otros nunca lo tendrán.
Poco se sabe; pero dicen que esa relación casi umbilical entre el estómago y el corazón depende exclusivamente del amor con que fue alimentada la persona antes y después de nacer.
Canción: SIN DESPEDIR - CARLA MORRISON
Poco se sabe; pero dicen que esa relación casi umbilical entre el estómago y el corazón depende exclusivamente del amor con que fue alimentada la persona antes y después de nacer.
Canción: SIN DESPEDIR - CARLA MORRISON

2 comentarios:
Hermoso, Pablo!
Me llenó de melancolía.
Irónicamente lo leí con un plato de lentejas junto a la compu. Será ese cordoncito que unió corazón, estómago y gente querida en un solo instante? Que danzaron todos mis amores juntos?
Seguiré disfrutando mi guisito con una sonrisa en el corazón
Vivi
hermoso!!!!!!!!!!!!!!!no lo había leído, como siempre me hiciste llorar siempre hay una verdad escondida entre tanto cuento, segui adelante hijo, ojala algún dia te decidas a publicar todo esto.
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