Hoy hurgando en mis archivos encontré esta nota que escribí hace unos cuantos inviernos atrás y que seguramente no publique porque este blog aun no existía. Cuando la leí sentí que no podía faltar en estas páginas instantáneas de la vida:
Cuando tenemos apego,
proyectamos sobre las personas y los
objetos
cualidades que no poseen,
o exageramos las que poseen.
Parece ser que el frío y las cafeteras
de vidrio no se llevan muy bien, o al menos el agua caliente y las cafeteras de
vidrio frías o viceversa.
Resumiendo antes de que nos enredemos.
Antes de ayer me disponía a preparar café con la cafetera de vidrio que tengo
hace tres años y cuando le eché el agua caliente se escuchó un ruido como si se
hubiese quebrado.
Yo me dije – no puede ser – e insistí y
seguí echándole agua caliente. Pero al cabo de un momento el agua comenzó a
filtrarse por la rajadura apenas perceptible de la base corriendo por la mesada
de la cocina ante mi cara de asombro y un nooooo interno.
Les informé a mis amigos por MSN (se ve
que no existía el Facebook) de la catástrofe ocurrida, diciendo – ¿dónde voy a
encontrar una igual?
Sabrán muy bien los que me conocen de
la importancia de mis desayunos con mi taza de medio litro de café con leche
antes de salir de casa, o los sábados y domingos del desayuno en la cama.
De ahí la importancia de mi cafetera
rota…pero ¿No será demasiado drama?
Esto sigue al día siguiente en el que
embarqué a mi amigo en la búsqueda de la cafetera que reemplazaría a la muerta,
rota, o como quieran llamarle.
Caminamos cuadras entrando y saliendo
de todo bazar que pudiera tenerla, pero ninguna me convencía, ninguna me
gustaba, y ninguna era como la que había perdido. Finalmente, ante la
necesidad, y no muy convencido, compré una más o menos parecida, aunque más
baja y con una tapa diferente.
Cuando llegué a casa, intente ponerle
la tapa de la anterior (ya que la había guardado) pero no quedó muy bien…así
que me resigné…
Ustedes se preguntaran ¿qué tiene de
interesante todo esto que les cuento? (además de la locura que tiene este pibe)
Pues lo interesante es que, si
olvidamos por un momento que lo que se rompió fue una cafetera y le ponemos el
nombre de algún antiguo amor, llámese Julia o Luis y volvemos a leer la
historia lo que sucede es esto:
Al Parecer había contradicciones y
choques que hacían que la pareja no funcionara bien, así que una tarde de frío,
se nos rompió el amor.
Al principio no me lo creí e intente
negarlo, pero la ruptura fue real y el amor se me escurrió entre las manos.
Entonces tuve que salir con mi amigo de
juerga, de bar en bar y de boliche en boliche, buscando conocer a alguien para
reemplazar al amor que perdí, al que me daba fuerzas cada mañana y compañía
cada sábado y domingo en el desayuno.
Y después de buscar de aquí y de allá,
me conformé con alguien que conocí, aunque de estatura más baja y con otra
manera de pensar.
Con el correr del tiempo, quise que
fuese y pensara como el anterior amor, pero no lo logré, era diferente ya que
obviamente era otro…
¿Qué tal?... ¿Qué les parece nuestra
relación con los objetos?
Da un poco de miedo pensar que somos
tan transparentes y predecibles que figura nuestro nombre en el índice de
cualquier libro de Psicología. Que nuestras acciones por más simples que
parezcan denotan nuestros miedos, traumas y faltas, aunque sea en la búsqueda
de una cafetera nueva o la compra compulsiva de ropa o de objetos de valor.
Bueno, finalmente esta mañana, estrené
mi cafetera nueva. Hace el café igualiiiito que la otra…
¡Por suerte!

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