domingo, 31 de agosto de 2008

FLORES Y JARDINES (parte final)


Narciso, obsesionado con impresionar a Rosario con el único don que suponía poseer, comenzó a levantarse mas temprano. Ya no esperaba el canto del gallo, ni que el primer rayo de sol entrara por la ventana y lo empujara de la cama. Narciso se dio cuenta que las Rosas que se abrían durante las noches de calor, eran mas fragantes y coloridas si las cortaba antes de la salida del sol.
Así que vagaba por su jardín con un farol, esperando el momento adecuado, la apertura justa y la gota de rocío posada en el pétalo señalado, para cortarlas, y así conservar todas las propiedades enamoratorias de la flor.
Rosario, ante la curiosidad de las vecinas, comenzó a inventar historias en torno a los ramos que recibía.
A la mujer del almacenero, le dijo que se las enviaba el padre de un alumno muy agradecido con ella por la instrucción que brindaba a su hijo. Que el hombre vivía en Escocia, y que eran flores importadas que viajaban en barco hasta ahí.
A la vecina de enfrente, le dijo que un viajero que pasó una mañana por su ventana, se enamoró de solo verla, y que cada mañana antes de salir el sol, dejaba los ramos en su puerta antes de irse a la estación para abordar el tren que lo llevaba a lugares diferentes cada día.
Y a la panadera le confió en secreto, que en realidad, las enviaba un amor antiguo, que se había casado con otra por cuestiones de familia, pero que nunca había dejado de amarla a ella.
Los días seguían pasando por el jardín fragante y perfecto de Narciso. Las horas seguían pasando por la ventana abierta a los sueños de Rosario.
Tantas flores, tantos ramos, tantas ilusiones e historias que hacen que el amor sea un cuento del que nadie quiere salir. Como el que no abre las ventanas en invierno para no sentir el frío. Como el que esconde la cabeza debajo de las sabanas para no ver que ya es de día y que es hora de dejar de soñar. Como el que deja la ultima cucharada de pastel de chocolate en el plato, sabiendo que va a estar ahí hasta el momento en que decidamos darle fin a tanta dulzura.

Una mañana de extraña bruma y de flores demasiado húmedas, Rosario y Narciso volvieron a coincidir en el mercado.
Ella estaba tan linda y arreglada como siempre, con su canasta y sin su gato gris. El con sus botas y su gorra de cuadros, acomodando las flores en el puesto del florista.
Cuando Rosario se acercó, el florista la recibió con una sonrisa, y pretendiendo presentarlos le dijo: - Señorita, el Señor es...
y Narciso apresurándose a corregir lo que iba a decir el florista:
- Soy el jardinero que trae las flores al mercado cada mañana...
Rosario sonrió con agrado y lo felicitó por tan hermosas flores.
Narciso no cabía en su cuerpo. Su gorra le hablaba al oído y le decía: - diselo !, diselo de una vez!Pero Narciso prefirió no hablar.
Toda la vida, su timidez e inseguridad, le hizo pensar las acciones mas de una vez.
El momento de hablar era ese...y como suele suceder con los momentos...pasó.

Narciso siguió acomodando los ramos, y Rosario oliendo las flores que ya no compraba para si misma, porque tenia quien se las regalara cada comienzo del día.
Ella saludó y se fue. Pero mientras Narciso la espiaba entre las flores, vio que Rosario regresaba, y que se dirigía a él directamente.
Fue ese el momento en el que Narciso tumbó el florero, que cayó a los pies de ella, cubriéndolos de Hortensias, mientras ella le decía, si le permitía una pregunta...
Narciso, dispuesto ya a ser descubierto, la miró con sus ojos transparentes y le respondió que si, que le preguntara lo que quisiera.
Entonces Rosario con cara de enamorada, comenzó a contarle la historia de los ramos de flores que estaba recibiendo. Y le preguntó si él tenia datos de la persona que los enviaba, ya que se daba cuenta que los ramos eran diferentes a los demás, y seguramente era él quien recibía el pedido especial de esa persona en sus manos cada día.
Y que aunque los ramos eran anónimos, ella sabía desde el primer día quien las enviaba.
Aquel caballero tan distinguido y elegante de traje gris y sombrero, al cual esa mágica mañana, ella había ayudado a decidir su compra, seguramente había quedado deslumbrado por ella, tanto como ella había quedado por él, pero que seguramente estaría comprometido, impidiéndole desvelar su identidad y demostrar su amor...

Alguien escuchó alguna vez el estruendo que provoca un temblor en la tierra?
Ese fue el ruido seco que sintió por dentro Narciso. Un ruido fuerte y doloroso. El ruido que hace un corazón al romperse. Ese mismo corazón, que había quedado tan endeble después de aquella operación que tuvo que practicarse cuando tuvo que olvidarse de su primer amor.

Siempre, en nuestras vidas, estamos esperando las oportunidades, para dejarlas escapar. Esperamos no ver la realidad, para seguir habitando el mundo de sueños que nosotros mismos creamos quizás para protegernos.
Cuan difícil es aceptar que el otro, es otro...que es como es, y no como nosotros creemos y creamos?
Cuanto tiempo tendremos que esperar el amor verdadero? Cuando sea verdadero, sabremos darnos cuenta, o seguiremos esperando algo mas allá?

El jardín de Narciso se secó. Un jardín necesita de amor y cuidado diario para estar vivo. Aunque seguramente, de a poco y con el regreso de la primavera, van a aparecer nuevos brotes en la tierra quebrada. Nadie muere por amor.
Rosario ya no recibió ramos ni pudo ser Rosario Ramos de Flores.
Las ultimas flores quedaran para siempre entre las hojas de los libros de la biblioteca, para no olvidar.
Siguió dando clases, tomando flores de Bach, acariciando a su gato gris y viviendo en la quinta casa después de la esquina al cruzar el puente de no se que ciudad, en el numero 49 y contando en su haber con 40 años vividos en soledad, a dos casas de la casa de Narciso.

Cancion: AMOR DE MIS AMORES - AGUSTIN LARA