Mientras Rosario Ramos levantaba su canasta para irse, Narciso se acercó al florista y le preguntó si conocía a esa mujer del vestido rosa. El florista le dijo que si, que era maestra de su hijo.
A partir de la mañana siguiente, Narciso llevó cada día con la cosecha del día, un ramo especialmente armado para que el florista enviara a la casa de Rosario.
Esa mañana Rosario se levantó como siempre, tomó sus gotas, preparó el desayuno, y se aprontó para recibir a sus alumnos cuando sonó la puerta.La sorpresa fue tal al ver al cadete con el ramo de Rosas amarillas y rosadas, que se las arrebató de las manos, sin darle los buenos días ni las propinas pertinentes.
Hurgó entre las flores buscando una tarjeta, esperando las palabras tan deseadas por tanto tiempo, pero no la encontró. Esto no le importó demasiado, porque la respuesta a sus plegarias había llegado, la espera había terminado, puesto que había llegado el hombre que soñó toda su vida.
Los días sucesivos llenaron la casa de jazmines, de Petunias, de junquillo, y de aroma por todas las habitaciones. Ya no alcanzaban los floreros para tanto presente. Ni alcanzaba un solo cuerpo
para guardar tantas ilusiones.
Narciso Flores, cada mañana se levantaba con el sol y tras la rutina de admirar su jardín, se internaba en él a cortar las flores que iba a vender ese día y con las mejores armaba el ramo para la mujer que lo había cautivado tanto.
Cuando llegaba al mercado, le entregaba la mercadería al florista junto con el ramo para su amada. Y le preguntaba:
- Le ha dicho algo ella?, le gustan las flores que le envío?, le ha preguntado a Usted quien era el remitente?
Y el florista siempre le contestaba, que ella no preguntaba nada, y que seguramente le gustarían, porque a todas las mujeres les gustaba que le enviaran flores.
Los días de Narciso eran cada vez mas atareados. Abonaba las plantas, las podaba y regaba cada una con la mayor dedicación. Quería que su jardín se transformara en el mejor, con las mas
bellas flores, para así conquistar con sus colores y aromas a la dama misteriosa que tenía su corazón, aquel tan endeble después de la operación.
Los días de Rosario tampoco eran los mismos. Se levantaba cada mañana con la ilusión de recibir el ramo de flores diario, y para ello elegía un vestido, se peinaba y perfumaba para esperar al
dependiente de la florería que le traería el presente esperado.
Los Lunes Petunias, los Martes Orquideas, los Miércoles Rosas blancas, los jueves Jazmines, los Viernes Junquillos, los Sábados Rosas rojas y los Domingos flores surtidas de mil colores.
Las flores de Bach que había tomado siempre fueron reemplazadas por los ramos de flores que invadían su hogar. La casa rebosaba de frescura, color y aroma, y la cara de Rosario de alegría. Las señoras que pasaban por la ventana abierta de par en par rumbo al mercado, los señores que volvían del trabajo, los niños de guardapolvos blancos, el lechero, el diariero, sus alumnos y el gato triste que ya no recibía tantas caricias como antes; todos lo habían notado. Rosario estaba enamorándose mientras tejía alrededor del anonimato de los ramos las mas increíbles fantasías.
CONTINUARÁ..!

1 comentario:
"..Ni alcanzaba un solo cuerpo
para guardar tantas ilusiones."
Guauu creo que muchas veces me senti Rosario..
Sr autor! quiero màs!!!
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