El espejo ocupa un lugar importante en la mitología y las supersticiones de muchos pueblos. La imagen que en él se refleja se identificaba a menudo con el alma o espíritu de la persona. Desde hace por lo menos veinticinco siglos, al más antiguo instrumento de la óptica se le atribuye la amplificación de una multiplicidad de poderes físicos y simbólicos. El espejo ha desempeñado un papel cardinal en la separación y en la reunión de hombres y mujeres por su remisión al tema de la identidad y su movimiento fluctuante entre lo falso y lo veraz.
Siglos más tarde el romanticismo generalizó la metáfora del espejo como señal de reciprocidad de los amantes. Al reflejarse unos en otros, los ojos se modelan mutuamente.
Usamos nuestros ojos para vernos y reconocernos, podemos mirarnos las manos, los pies y el ombligo... sin embargo, hay partes de nosotros que nunca nos hemos visto directamente , como nuestro rostro. Para conocer visualmente estas partes ocultas a nuestra mirada necesitamos un espejo. Esta visión de nosotros mismos nos sitúa del otro lado, un sujeto que observa su imagen tomada como objeto.
Pero hay aspectos ocultos a nuestra percepción, como nuestra personalidad y la forma de relacionarnos con el mundo que para verlos necesitamos, aquí también, un espejo... y el único espejo donde podríamos llegar a vernos es en el otro. La mirada de otro me muestra lo que mis ojos no pueden ver. Por ejemplo, la amistad funciona como un espejo. En la adolescencia buscamos parecernos a otros para así pertenecer a determinados grupos, hasta por fin lograr forjar nuestra personalidad, pero siempre apoyados en un otro. Si sentimos que aquel que se para enfrente nuestro no es del todo parecido a nosotros, tendemos a no ver el reflejo. Si no vemos algo de nosotros en ellos, la cosa empieza a complicarse. Si, por el contrario, descubrimos que tenemos muchos puntos en común, entonces el camino se alisa mágicamente.
Casi todos preferimos las relaciones en las que nos sentimos identificados con el otro. La amistad también funciona como espejo porque en el otro vemos algo de nosotros que nos gusta, alguna característica propia que nos cae bien. O, también, algo que nos gustaría tener. Por eso uno tiene amigos más estudiosos, más drogadictos, más cabareteros, más organizados, más cultos, más rotos, más decididos o más aventureros. A nosotros nos encantaría aumentar la dosis de alguna de esas variables, pero no nos animamos, entonces nos conformamos con que algún amigo tenga esas características y las vivimos a través de ellos, entonces nos reímos, sufrimos y lloramos juntos.
Algo interesante de ver es qué tipo de amigos uno se fue haciendo en sus distintas edades y etapas. Qué características tenían los amigos de la adolescencia y cómo son los que uno eligió ya más cerca de los 30. Seguramente, uno se va rodeando de lo que va necesitando. Cuando está deprimido, se rodea de zombies con ojeras, que van al psicólogo con desesperación y se la pasan haciendo planes que nunca empiezan. Cuando uno se siente mejor, probablemente se junte con gente que va a fiestas, se acuesta un poco más tarde de lo habitual y no se vive preguntando y reflexionando todo.
Y en el plano de pareja?...Estar enamorado...es lo que busca todo el mundo (o por lo menos lo que antes hacían) sentirse en una nube, ver todo desde otra óptica, "la del amor", que tiene un filtro como la cámara de Susana Gimenez que dicen que la hace mas perfecta y mas flaca llevándola al plano del mito.
El mejor, el más preciso y cruel de los espejos, es la relación de pareja: único vínculo donde podrían reflejarse de cerca nuestros peores y nuestros mejores aspectos. Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos idealizados. En la primera etapa de las relaciones aparece el enamoramiento, que es más bien una relación en la cual la otra persona no es en realidad reconocida como verdaderamente otra, sino más bien sentida e interpretada como si fuera un doble de uno mismo, y aparece un “yo me amo al verme reflejado en ti. Entonces, enamorarse es decirte cuánto simpatizo contigo por sostener tan graciosamente el espejo en el que me contemplo para darme cuenta de mi amor por mí. Es así como escuchamos extaceados al otro decirnos lo lindo, bueno, simpático y sexy que somos...hasta que bajan el espejo que sostenían, y como despertando de un sueño, lo vemos a el, el otro. Y nos damos cuenta que no son iguales a nosotros, y tratamos de cambiarlos, y les decimos que antes eran distintos, cuando en realidad, eramos nosotros los que lo veían de una manera distinta, a través del espejo.
Como una superficie tan perfecta y simple como la de un espejo, que solamente muestra la pura realidad puede engañarnos tanto?
Narciso reflejado era el mismo, y era imposible enamorarse de si mismo.
El espejo de Blancanieves no estaba encantado...era el ego por el suelo de la bruja que le decía que ella ya no era la mas linda del reino.
El espejo de la anorexia no esta fallado, es su propia cabeza la que las hace verse siempre gordas.
Los espejitos de colores que les dieron los conquistadores a los indios no eran piedras preciosas...
Es un reflejo de que ya no podemos confiar en nadie mas que en nosotros?, es un reflejo del egoísmo en el que vivimos desde siempre?, es un reflejo de la competencia con nosotros mismos?, es no haber aprendido a convivir con los demás y aceptar las diferencias?...
Con sus marcos de oro, de plata, de madera. Simples, barrocos, modernos y antiguos, los espejos siempre reflejaron la realidad, nunca nos engañaron. El engaño del espejo nunca existió...no es más que un engaño que nos hacemos a nosotros mismos.
Esta nota contiene algunos conceptos expuestos en el libro Amarse con los ojos abiertos.
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