viernes, 15 de octubre de 2010

BOMBONES IN THE DARK


Desde los orígenes, las civilizaciones Centroamericanas tomaban al chocolate como un producto mágico y muy valioso, llegando a llamárselo “oro negro”.
Las nuevas culturas dicen...que el chocolate es un “excitante”…dicen también que el chocolate es un es un “ansiolítico”…otros, también dicen que es un “substituto del sexo”…y puedo creerlo, ya que a mi entender y uso, produce excitación, placer y finalmente tranquilidad y relax
Otra de las frases magistrales de nuestra cultura referida a este producto es: “la vida es como una caja de chocolates…”
Teniendo en cuenta todas esta apreciaciones casi mágicas atribuidas al chocolate y para los que me conocen bien, es algo corriente escucharme decir que a las tres de la mañana me baja el nivel de glucosa en la sangre y me despierto con ganas de comer algo dulce…Nada me va mejor entonces que comer chocolates a esa hora…como podría traducirse esto entonces según lo que les contaba? Falta de sexo?...
Hoy un amigo dio como respuesta a mi comentario de que necesitaba sexo: “…comete el chocolate que te regale y déjate de joder…”, entonces…tendré que creerlo?
Para mi cumpleaños unos amigos me regalaron una caja de bombones. Era una caja de base dorada con una tapa transparente que dejaba ver bombones de igual forma pero de diferentes chocolates y rellenos solo distinguibles por su color, cerrados con un lazo negro. Una majestuosa “caja de vida” o de “sexo” según como se lo mire.
Fueron veinticuatro inolvidables noches de placer, sexo y sorpresas a la hora de mi baja de azúcar.
Las primeras noches me levantaba, abría el placard, desataba el lazo y me comía un bombón que elegía cuidadosamente (aunque adivinando su contenido) hasta aprender que relleno tenia cada uno según su color.
Tuve noches dulces de frutilla, noches sorpresivas de licor, noches inesperadas de menta, noches duras de almendras, maní o crocante, y noches plenas de placer cada vez que descubría mi preferido: el bombón relleno de dulce de leche.
Las noches siguientes sabiendo que en algún momento, después de tanto elegir se me iban a terminar los que más me gustaban, decidí comerlos con la luz apagada. Entonces me levantaba en la oscuridad, abría el placard, desataba el lazo y me aventuraba a mi elección, esta vez sin saber cual era mi suerte.
Así tuve noches totalmente sorprendentes. Algunas dulces, otras sorpresivas, otras inesperadas, otras noches duras y unas cuantas plenas de placer.

Cuantas veces en la vida nos animamos a cerrar los ojos y nos aventuramos a lo que nos depare el destino sin ver el color o la forma, solo sorprendiéndonos con el contenido?
Cuantas veces en la vida, por tanto elegir nos quedamos sin lo que mas nos gusta?

Quizás después de un tiempo, aunque abramos la caja a oscuras, también habremos desarrollado la capacidad de darnos cuenta que los bombones de dulce de leche se ubican en los extremos de la caja, perdiendo así nuevamente la magia de la sorpresa.

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