martes, 9 de febrero de 2010

PAJAROS EN BUENOS AIRES (PARTE FINAL)




Al insomnio de la noche anterior se sumo entonces el de la noche siguiente. Estornino leía una novela y tomaba café en la sala, esperando el sueño que nunca llegaba. De vez en cuando se asomaba a la ventana que daba al aire y luz del edificio y trataba de adivinar mirando hacia el cuadro del cielo estrellado enmarcado desde el hueco, si había o no luna esa noche. Y como en muchas otras noches, disimuladamente, también trataba de adivinar la figura en la oscuridad de su vecina Paloma. Ella lloraba en la ventana para que el viento se llevara la pena. Aunque pocas veces lo lograba, ya que muchas noches no entraba ni el aire ni la luz al hueco interminable del edificio.
Estornino había sumado entonces una razón más a sus desvelos. La imagen de aquella mujer lo había perseguido todo el día. Desde el bar, hasta la avenida, desde la oficina al almacén y desde la vereda a su casa, como un pájaro blanco y luminoso que ahora se posaba en la ventana del hueco oscuro de su sala iluminándolo todo.
La mañana siguiente, volvió a levantarse temprano. Otra vez no desayunaría en su casa. Camino con paso apurado hasta el “Británico” que así se llamaba el bar que había descubierto el día anterior. Volvió a ocupar la misma mesa y pidió el diario y su desayuno. Ojeo los suplementos hasta que volvió a verla a través de las hojas que se le iban escapando de las manos. La saludo con un pequeño gesto y simulo seguir leyendo, pero era tan luminosa que no podía evitar mirarla.
Como de costumbre, como toda su vida, a Estornino nunca le salio una palabra de la boca. Siempre, desde niño le resulto muy difícil relacionarse con los demás, por miedo, por vergüenza, por inseguridad, o quien sabe por que cosa. Muchas veces Estornino no emitía sonido por varios días, no hablaba con nadie, tan metido en sus pensamientos que muchas veces – cuando alguien le hacía alguna pregunta – él tenía que revisar en su memoria el archivo de palabras aprendidas y tratar de poner en funcionamiento la máquina del habla que se le había herrumbrado por el desuso. Al menos eso decían los que lo conocían un poco.
Relacionarse en Buenos Aires es mucho mas difícil que en un pueblo donde todos se saludan y uno se siente como desnudo a los ojos de los demás. En esta gran ciudad muchas veces, no se conoce siquiera al vecino de al lado; y si se cruzaran en el ascensor por casualidad, intentarían un buenos días entre dientes, casi imperceptible con las miradas en el suelo. Quizás por la necesidad imperiosa de seguir siendo anónimos. Cada uno en su vida, cada uno en su jaula.

 La mañana siguiente, Estornino no se presento al bar. No solo por vergüenza, sino porque sabia que iba a volver a cometer el mismo error de no animarse a hablarle o a sentarse en su mesa. Rumbo a la oficina cruzo su mirada con la del fantasma chamuscado por el fuego de Carlos Gardel que cantaba “El día que me quieras” con  su voz de zorzal lustroso y renegrido sentado en una mesa del Café Tortoni.
Con el correr de los días y las noches intento olvidarse, dejar de pensar en ella. Pero estaba cada vez mas adentro de el. Cada día de trabajo y cada noche de insomnio hacían que su cara se fuera tornando de un gris blanquecino espectral. Y dentro de su cuerpo daba vueltas ella haciendo estragos, apretando su corazón, sus pulmones y sus intestinos.
Entonces decidió escribirle algo, una nota o una carta - era buen escritor aunque nunca se animo a mostrar nada de lo que había escrito- y quizás de esa forma lograría  llegar a ella de una manera que a el le resultara mas fácil y Menos vergonzosa.
Después de muchos papeles rotos, cambio de bolígrafo a maquina de escribir, de muchos bollos de papel tirados en el cesto de basura, de un cambio de la cinta de tinta de la maquina y de muchos esbozos en lápiz, logro escribir algo… “estimada Señorita”. ¿Seria señorita?
La mañana lo encontró dormido sobre la Rémington de su escritorio atiborrado de papeles inservibles sin nada concreto. Desde la cocina y sentada en la mesa con el desayuno preparado, lo miraba su soledad. A un costado de la mesa estaban sus maletas; Se iba. Lo abandonaba viendo que el no la necesitaba mas. Ella se levanto, le dio un golpe en la cabeza al pasar para despertarlo y se fue dando un portazo, con su vestido oscuro y su sombrero.
Cuando Estornino salio del edificio se topo con el portero que estaba limpiando efusivamente la pared de mármol. Aquella noche alguien había escrito en letras mayúsculas “LIBERTAD A LOS QUE VIVEN EN JAULAS INVENTADAS” .Mientras el portero maldecía entre dientes “…estos comunistas! ...” Estornino Pinto sintió que  el mensaje había sido escrito para el.
Toda su jornada laboral fue interrumpida intermitentemente por la imagen de la mujer luminosa y el escrito en la pared del edificio, que aunque no tuvieran conexión, el había unido en su cabeza.
Llegada la tarde apresuro su marcha de regreso a casa. El invierno se hacia presente a medida q pasaban los días. Paso por la roticería y compro algunas cosas, la noche iba a ser larga ya que se había propuesto escribir la nota aunque le llevase toda la noche en vela. Cuando llego a su departamento después de bañarse y mientras cenaba, escucho un golpe en la ventana del frente. Un pájaro agonizante yacía en el alfeizar. Abrió la ventana y lo tiro hacia la calle. Una cariátide del edificio de enfrente lo miraba. Todas lo observaban, hasta el atlante que sostiene el balcón de la esquina. Cerró los postigos ofuscado, tratando de no darle importancia y volvió a la cocina.
Al terminar de cenar le dio tanto sueño que casi no podía moverse y aunque trato de no dormirse sobre su cuaderno de notas, termino arrastrándose a su habitación y cayo de bruces sobre la cama que hacia días continuaba sin deshacer.

Dicen que la inspiración puede salir de los lugares más oscuros, sucios e inesperados. Esa madrugada lo despertó la inspiración, se metió en su cama y se revolcaron toda la noche hasta las seis de la mañana cuando comenzaba a clarear el día. Entonces se levanto y escribió la carta de un solo movimiento de bolígrafo. Se vistió con su mejor traje y salio decidido hacia el bar.
 Cuando llego a la puerta lo detuvo el viento frío y el Sr. Espinero que le informo que finalmente su vecina Paloma había logrado su cometido. La mancha de sangre seguía aun en la vereda. Esta vez se había tirado de la terraza. Estornino esquivo a la policía y cruzo la calle patinando por el empedrado negro hacia el bar Británico. Cuando llego al bar eligió una mesa más cercana a la que solía ocupar  ella y se sentó a esperarla.
 A las siete y treinta en punto, como cada mañana, ella cruzo la puerta tan radiante como siempre. Su luz y su sonrisa bañaban todo el lugar. Cuando Estornino termino su café, se levanto tan nerviosamente que volcó la silla. Se acerco a la dama, le entrego la nota, la saludo y se fue por la puerta sin volver su mirada. Ella bajo la vista, le dio un pequeño golpe al sobre y sonrío.

    Tres días  y tres noches pasaron. El frío de mitad del invierno se fue  adueñando de Buenos Aires. Las veredas escarchadas, los abrigos de piel, las lloviznas eternas y los pájaros que caían helados de los árboles de la avenida.  
Estornino Pinto no podía comer ni dormir, y menos trabajar. Su cabeza no dejaba de imaginar que estaría pensando ella; Si iba a volver a verla, o si esta actitud suya le había ofendido.
Sus idas y vueltas de la oficina eran  automatizadas. Ponerse el sobretodo oscuro, salir a la calle, cruzar avenida de Mayo, llegar a la oficina, sacarse el sobretodo helado, volver a ponérselo, cruzar la avenida, llegar a su casa y sacarse el sobretodo otra vez. La luz de la imagen de ella era cada vez más fuerte. La tez de la cara de Estornino cada vez más gris y opaca.
¿Puede alguien enamorarse de una persona que solo conoce de vista? ¿Qué extraño poder de atracción posee ella para semejante embrujo? ¿Tan encerrados están los sentimientos en las jaulas del alma que anhelan romper los barrotes y escaparse? Pero, ¿el amor no es también una gran jaula? ¿Por qué tratar de entrar en ella tan desesperadamente?               
Al final del cuarto día cuando la lluvia había cesado, la visita – carta en mano- golpeo la puerta del departamento del segundo piso B de la calle Piedras del barrio de Monserrat. Estornino levanto su mirada de la mesa y se dirigió a la puerta rápidamente y sin asombro. Cuando la abrió, la luz de ella invadió todo.
- Bienvenida. No se su nombre - le dijo Estornino.
- Alba. Alba es mi nombre - replico ella.
El le ofreció Té, que ella tomo con unas gotas de leche. El tomo café para mantenerse despierto y poder  manejar su timidez extrema.
Hablaron horas, de sus vidas, de sus amores, de sus fracasos, logros y errores. Hasta que ella dulcemente lo beso en la boca. Hicieron el amor sin frenos. Se besaron, hablaron, y se volvieron a amar. Se revolcaron por el suelo y entre las sabanas planchadas. Cuando llego el alba ilumino la alcoba y en la cama solo estaba él. Una lechuza blanca lo observaba desde la ventana del cuarto.
                                                                                                                                 
Ya no hubo pájaros en la ventana que fueran a despertarlo. Estornino Pinto ya no despertó.
       Buenos aires es una ciudad oscura. Hay que trepar por las ventanas escalando los edificios con la mirada para ver si el cielo aun sigue ahí, si esta azul o gris. A veces cuando vuelo por avenida de Mayo y me poso en algún edificio de la calle Piedras, creo adivinar la cara de Estornino Pinto en los atlantes que sostienen las fachadas, tan grises y sin gestos de esfuerzo en sus rostros pétreos, presos del edificio que sustentan por capricho de antiguos arquitectos. Otras veces, creo divisarlo confundido entre las aves que vuelan en bandadas a otros  pueblos y ciudades donde el cielo es mas grande y los pájaros son libres.

Canciones: NATURE BOY - JOE PASS/ ELLA FITZGERALD
                  NIEBLA DEL RIACHUELO - BEBO&CIGALA

1 comentario:

Lorena dijo...

Qué historia tan profunda. Veo que a estos personajes les pasa lo mismo que a muchas personas en la ciudad. El hecho de que no es un pueblo pequeño en donde todos se conocen, la gente está mucho menos apurada o metida e sus propios asuntos, a la gente le importa más lo que le pasa al otro, hoy consideración, generosidad, calidez. Es cierto qeu a veces queremos conectarnos con el otro y es imposible. Vivimos rodeados de gente pero podemos estar a la vez solos ya que nadie puede voltear para ver como está uno. Yo sentí un poco eso cuando viajé a Argentina. Yo venía de un pueblo pequeño en mi país y vue sorpresivo ver como son las cosas en una ciudad que parece europea. Había alquilado un Apartamento buenos aires y aunque estaba en un edificio lleno de gente, nunca conocí ni hice amistad con ninguno. Son cosas imagino de la gran ciudad. Igualmente como turista tuve una muy buena experiencia y a pesar de todo me gustó mucho y me gustaria volver con mi familia para que la conozcan.
Saludos
Lore